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Historia de la Cerveza

Desde el principio existieron cervezas para todos los gustos. Los sumerios conocieron cerca de 20 clases, que utilizaban para funciones diversas como pago a los trabajadores, fármaco para enfermos u ofrendas a los dioses.

Había nacido una leyenda, pues la elaboración de la cerveza tenía un componente mitológico. Al desconocerse el mecanismo de la fermentación el hombre esperaba pacientemente a que el agua y el cereal se mezclasen de forma correcta hasta obtener el líquido divino. En Egipto, las sacerdotisas eran las encargadas de preparar la cerveza que llamaban Zythum. El libro de los Muertos de los Egipcios, datado 5.000 años a.C., ya menciona una bebida elaborada a base de fermento de cebada.

Numerosos escritos y dibujos del Antiguo Egipto detallan su fabricación y comercio. En una tablilla de madera que se conserva en el Museo del Cairo puede leerse:

“Dejad macerar e inflarse los granos de cebada durante un día, dejadlos reposar y maceradlos después de nuevo, depositándolos en un recipiente bajo agujereado. Dejad secar hasta que se formen copos y exponed luego la cebada al sol”.

Así fabricaban los egipcios la malta de cebada, base de su cerveza. Al igual que los Sumerios solían mezclar la cebada con otras sustancias que le daban colores y olores diferentes como azafrán, jengibre, comino, miel, dátiles; y la endulzaban con canela entre otras especies.

También se atribuye a los egipcios, concretamente a los seguidores de la diosa Athor, la elaboración de la primera cerveza sin alcohol. En el templo donde está su estatua calentaban a los pies de la diosa unos recipientes llenos de cerveza. El objetivo era que el alcohol se evaporara sobre la cabeza de la diosa para ponerla de buen humor, dispuesta a atender las peticiones de los fieles. El líquido que quedaba al haberse evaporado todo el alcohol se vendía para recaudar fondos destinados a la conservación del templo.

Parece ser que fueron los griegos quienes en sus viajes por el Mediterráneo introdujeron la cerveza en Europa. Galos y romanos perfeccionaron sus técnicas de elaboración y regularon su precio y comercio. Así se podía encontrar la Zythum por dos denarios. La Cerevisia gala y la Camum celta costaba cuatro denarios.

Los romanos popularizaron el consumo de la cerveza por toda Europa, especialmente en los países del centro y norte del continente donde el cultivo de la cebada se adaptaba a mejor a los climas fríos; al contrario que la uva, que se desarrollo más en los países mediterráneos. Durante el imperio romano, la cerveza era consumida en grandes cantidades en las fiestas familiares, en las ceremonias religiosas y en las celebraciones de victorias bélicas.

En aquellas épocas la cerveza se había internacionalizado. En China se la conocía como Li y era elaborada con arroz, como no podía ser de otra forma. Cuenta la historia que durante el siglo XI, cuando las plagas como la peste asolaban Europa, el benedictino San Arnold, introdujo su cruz dentro de un barril de cerveza Ale y dijo: “Beber cerveza en lugar de agua como antídoto a la plaga”. Dicen que los belgas se enamoraron de la cerveza gracias a que funcionó el consejo. La cerveza es una bebida saludable por el efecto depurativo que genera la levadura durante la fermentación.

Las condiciones climáticas y del suelo de Bohemia, en la República Checa, son ideales para el cultivo del lúpulo, el otro gran ingrediente de la cerveza tal y como la conocemos en la actualidad.

Existen documentos escritos que señalan que ya se cultivaba lúpulo en Bohemia en el año 859. Aunque fue a principios del siglo XI cuando aparecen las primeras referencias explícitas del uso del lúpulo en las abadías del centro de Europa por la monja benedictina Hildegarde (1098-1179), Abadesa de Rupertsberg en Bigen (Alemania).

En el siglo XIII, el rey Wenceslao I de Bohemia, con el fin de cuidar la calidad del lúpulo, estableció la pena de muerte para quien cortase esquejes de lúpulo que pudieran ser exportados y plantados en otros países.

Los monjes, personas muy estudiosas, respetadas y cercanas a los agricultores de la zona, eran poseedores de las antiguas recetas egipcias, y conocían las cualidades nutricionales de la cerveza. Las consumían sobre todo en épocas como la Cuaresma, en la que solían ingerir de 6 a 8 pintas diarias, para mantener las necesidades vitales del organismo durante el obligado ayuno.

Fuente: Universidad de Sevilla
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